Factores sociodemográficos e irracionalidad en decisiones de compra de productos de primera necesidad
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El género tampoco fue significativo estadísticamente, pero sí se notaron diferencias
cualitativas. Las mujeres tendieron a estar más atentas a las promociones y a comparar precios,
mientras que los hombres se mostraron más prácticos y rápidos al comprar. Una entrevistada
señaló: “Clarísimamente, sí. Las mujeres, aunque tengamos dinero, solemos buscar mucho y
preguntar mucho cuando queremos comprar algo. Los hombres, en cambio, cuando quieren algo
y lo encuentran a más o menos el precio que pensaban pagar desde un inicio, lo compran y
punto. No suelen recorrer tiendas para comparar precios ni regatear” (Entrevista 3, mujer, 28
años). Otra participante reforzó esta percepción al decir: “Hombres y mujeres compramos
distinto. Cuando vengo con mi esposo, él ni se fija en el precio; yo en cambio soy más
cuidadosa” (Entrevista 13, mujer, 60 años). Estos relatos coinciden con lo reportado por Wang
et al., (2018), quien encontró que las mujeres muestran mayor sensibilidad a promociones y
disponibilidad, mientras que los hombres tienden a guiarse más por la representatividad.
El estado civil tampoco fue determinante en el modelo general final, aunque los
convivientes sí mostraron un ajuste particular en los análisis segmentados. Esto sugiere que las
decisiones tomadas en conjunto introducen una dinámica de acuerdos que puede amplificar la
dependencia de estímulos comerciales. Como señaló un entrevistado: “Cuando vamos juntos, si
ella quiere aprovechar una promoción, termino aceptando, aunque yo no lo hubiera comprado”
(Entrevista 22, hombre, 35 años, conviviente). Esta evidencia se puede interpretar a la luz de la
racionalidad limitada de Simon (1955), donde las restricciones de tiempo y recursos llevan a
soluciones “satisfactorias” más que a elecciones optimizadas.
Respecto a los modelos explicativos y su alcance, el modelo de regresión múltiple
evidenció que los factores sociodemográficos, en conjunto, explican muy poco la irracionalidad
en el consumo (R² ajustado = 0,021). En otras palabras, la edad, el género y el estado civil no
fueron determinantes, mientras que educación e ingresos sí alcanzaron significancia estadística
luego de un proceso de selección del mejor modelo.
Este resultado se alinea con lo que señalan Faraz y Anjum (2025), para quien los factores
sociodemográficos son apenas condicionantes parciales, y Meissner et al. (2023), quienes
subrayan que la influencia de estas variables sobre sesgos como la aversión a pérdidas o el sesgo
del presente es diferenciada y parcial. Dicho de otro modo y en concordancia con lo expuesto
en el marco teórico: los factores sociodemográficos importan, pero no explican por sí solos la
complejidad de la irracionalidad.
Respecto a explorar percepciones y experiencias de los consumidores sobre la
irracionalidad y complementarlas con lo cuantitativo, los consumidores fijan precios de